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Uno de los mitos más comunes en el mantenimiento de piletas es que si el agua pica los ojos, hay demasiado cloro. En la mayoría de los casos, la causa real es otra: el pH está fuera de rango.
El pH es uno de los parámetros más importantes —y más ignorados— en el cuidado del agua de una pileta. Cuando no está en equilibrio, ningún producto químico funciona como debería: el cloro pierde eficacia, el agua se vuelve turbia o irritante, y los materiales de la pileta empiezan a deteriorarse.
En esta guía vas a entender de una vez qué es el pH, cuál es el nivel ideal para una pileta, qué consecuencias tiene tenerlo mal y cómo corregirlo.
El pH es una escala que mide qué tan ácida o alcalina es una solución. Va del 0 al 14:
El agua de una pileta no es agua pura: tiene cloro, minerales, productos de tratamiento y los residuos del uso cotidiano. Todo eso afecta el pH constantemente.
Hay tres métodos principales:
Test colorimétrico (tiras reactivas): las más económicas y accesibles. Se sumerge la tira en el agua y se compara el color con una escala. Precisión aceptable para uso doméstico.
Test con reactivo líquido (OTO o DPD): más preciso que las tiras. Se toman unos mililitros de agua de la pileta, se agrega el reactivo y el color resultante indica el pH.
Medidor digital (pH-metro): el más preciso de todos. Ideal si vas a hacer seguimiento frecuente o si tenés una pileta grande. Requiere calibración periódica.
El rango óptimo de pH para una pileta es entre 7,2 y 7,6.
Este rango no es arbitrario: coincide con el pH natural de las mucosas del ojo humano (alrededor de 7,4), lo que explica por qué el agua dentro de ese rango no irrita. Además, es el rango en el que el cloro trabaja con mayor eficiencia.
El pH ideal de una pileta es entre 7,2 y 7,6. Por debajo de 7,2 el agua es ácida y corrosiva. Por encima de 7,6 el cloro pierde efectividad y el agua puede volverse turbia.
Muchos especialistas recomiendan apuntar a 7,4 como valor target, ya que está en el centro del rango y da margen ante variaciones normales.
Un pH por debajo de 7,2 indica que el agua está ácida. Las consecuencias son concretas y se sienten rápido:
Para elevar el pH se usa un elevador de pH (también llamado soda ash, carbonato de sodio o incrementador de pH). Se disuelve en un balde con agua y se distribuye alrededor de la pileta con la bomba encendida.
La dosis exacta depende del volumen de agua y de cuánto hay que subir el pH. Siempre conviene agregar de a poco, esperar 4–6 horas, medir de nuevo y ajustar si hace falta.
Un pH por encima de 7,8 o 8 genera otro conjunto de problemas:
Para reducir el pH se usa un reductor de pH (ácido muriático diluido o ácido seco en polvo, también llamado bisulfato de sodio). El ácido muriático es más potente y económico, pero requiere mayor cuidado en la manipulación.
Se agrega con la bomba encendida, de a poco y en distintos puntos de la pileta para que se distribuya de forma uniforme. Nunca se debe agregar directamente sobre el revestimiento o cerca de los skimmers.
El pH y el cloro no son independientes: trabajan en conjunto. Agregar cloro sin controlar el pH es como regar una planta sin fijarse si tiene luz.
La eficacia del cloro depende directamente del pH del agua:
| pH del agua | Cloro activo disponible |
|---|---|
| 7,0 | ~75% activo |
| 7,2 | ~63% activo |
| 7,4 | ~48% activo |
| 7,6 | ~33% activo |
| 7,8 | ~22% activo |
| 8,0 | ~12% activo |
Esto explica por qué una pileta puede tener “mucho cloro” medido en el test y aun así tener agua verde o con bacterias: si el pH está en 8 o más, casi todo ese cloro está inactivo.
La regla es clara: primero ajustá el pH, después tratá el cloro.
El pH no es estático. Varios factores lo modifican constantemente:
Durante la temporada alta (noviembre–marzo en Córdoba), la recomendación es medir el pH dos o tres veces por semana, especialmente si la pileta tiene uso frecuente.
En momentos de uso intenso, después de una lluvia o después de un tratamiento de choque, conviene medir al día siguiente para verificar que el equilibrio se mantuvo.
Fuera de temporada o con pileta poco usada, alcanza con una medición semanal.
Un error común es confundir el pH con la alcalinidad total (AT). Son parámetros distintos pero relacionados:
Una alcalinidad total baja hace que el pH sea inestable y salte hacia arriba o hacia abajo con cualquier variación. Una alcalinidad total alta “ancla” el pH y lo hace difícil de ajustar.
El rango ideal de alcalinidad total para piletas es 80 a 120 ppm. Si la AT está fuera de ese rango, conviene corregirla primero antes de ajustar el pH.
¿Cuál es el pH ideal para una pileta?
El pH ideal de una pileta está entre 7,2 y 7,6. El valor más recomendado es 7,4, ya que coincide con el pH de las mucosas oculares y es el punto donde el cloro trabaja con mayor eficiencia.
¿Por qué el agua de la pileta pica los ojos?
El ardor en los ojos generalmente no se debe al exceso de cloro, sino al pH fuera de rango. Tanto el agua muy ácida (pH bajo) como la muy alcalina (pH alto) pueden causar irritación. Lo primero es medir el pH antes de agregar más productos.
¿Con qué se sube el pH de una pileta?
Se usa un elevador de pH o incrementador de pH (carbonato de sodio / soda ash). Se disuelve en agua antes de agregarlo a la pileta y se distribuye con la bomba encendida. Se agrega de a poco y se vuelve a medir tras 4–6 horas.
¿Con qué se baja el pH de una pileta?
Se utiliza un reductor de pH: ácido muriático diluido o bisulfato de sodio (ácido seco en polvo). El ácido muriático es más potente; el bisulfato es más fácil de manipular para uso doméstico. Siempre se agrega con la bomba funcionando.
¿El cloro funciona si el pH está alto?
A pH 8, solo el 12% del cloro agregado está activo y puede desinfectar. Por eso es fundamental ajustar el pH antes de dosificar cloro. De lo contrario, se gasta producto sin obtener resultado.
¿Cada cuánto hay que medir el pH de la pileta?
En temporada alta, dos o tres veces por semana. Después de lluvias, uso intenso o tratamientos de choque, al día siguiente para verificar el equilibrio.
En Klor tenés todo lo que necesita el agua de tu pileta en equilibrio: elevadores y reductores de pH, tiras reactivas, test colorimétricos y medidores digitales. También asesoramos en la dosis correcta según el volumen de tu pileta y el estado actual del agua.
Si el agua de tu pileta está turbia, irrita o no responde al cloro, lo más probable es que el pH esté desbalanceado. Vení a Klor o consultanos: te ayudamos a diagnosticar y resolver el problema en el día.
Klor — Especialistas en piletas en Córdoba, Argentina.
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